Canción triste para la despedida a Pedro Malo

Con el pie en el estribo

A punto de bajarse del tren de la vida, Pedro, el gran Pedro Malo, ha vuelto a dejarnos la impronta de su carácter. Sin exageraciones, con prudencia, buen tono y la exquisita educación que siempre le caracterizó ha puesto el pie en el estribo y se ha bajado de la vida casi en marcha, pillándonos a todos por sorpresa. Él quería que fuera así; pasar desapercibido en los últimos momentos de su existencia y no trastornar demasiado a su gente más cercana, en especial a su queridísima Marisol. Ciertamente, lo ha conseguido. Ha transitado por su enfermedad sin exageración alguna -y preferimos suponer que sin demasiado sufrimiento-, pero a costa de dejarnos ahora a todos conmocionados y con el corazón maltrecho.

Decía en los últimos meses, desde el verano, que no andaba bien, que no estaba bueno, pero que no nos preocupáramos. Algo le fustigaba desde el interior de sus entrañas, pero disimulaba como los ángeles; al fin y al cabo estaba a punto de tomar posesión de sus propias alas.

Pedro representaba y representa el periodismo farmacéutico más sincero y riguroso del siglo XX. Su forma personal de entenderlo todo y trasladar su talante a la política, la profesión, el trato humano o las relaciones con aquellas personas más alejadas de su forma de pensar han sido ejemplo, santo y seña de muchas generaciones de compañeros boticarios. Quizá los más jóvenes no puedan ser plenamente conscientes de la figura que se nos ha ido, enganchado a alguna metáfora original para su último artículo; tal y como él quería.

Pedro Malo deja huérfana a la Farmacia Española, así con mayúsculas, como él sentía ambas cosas.

De carácter eternamente universitario, puede decirse que nunca abandonó del todo las queridas aulas de su Facultad de Farmacia. Que siempre quiso mantener encendido el espíritu y el clima que se respira en el entorno estudiantil. Son tantas las hazañas que contó, grandes o pequeñas, tantas las anécdotas reales o ficticias, tantos los personajes, inventados o auténticos, que fue desgranando en más de un millar de artículos, que cada boticario de este país encontrará un recuerdo adecuado para engrandecer esta firma irrepetible de nuestra profesión.

Pedro fue protagonista discreto de todas las peripecias farmacéuticas desde finales de los años cincuenta. Su personal caleidoscopio configuró la imagen de nuestros dirigentes, nuestras convocatorias y nuestros éxitos o fracasos ante las distintas administraciones públicas durante más de cuarenta años. Sus peculiares crónicas eran una mezcla perfecta de amenidad e información y los lectores de varias generaciones van a seguir esperando con avidez su próximo artículo, ese que no llegará pero que seguro está bosquejando en esa Gloria a la que tanto aspiraba.

Pedro Malo nos ha dejado con una sobriedad excesiva. Ni una queja para los que alguna vez le fallaron, los que olvidaron retornar algún préstamo requerido con urgencia o los que hicieron humo con sus compromisos. Pedro siempre antepuso la amistad y el buen criterio, la elegancia y una comprensión de la que no todos pueden presumir. Su hoja de servicios está llena de medallas y reconocimientos: todos se los mereció; todos tenían fundamento y los respaldaba una impecable y larga trayectoria.

Ahora nos ha abandonado en este viaje por la vida. Se ha bajado del tren de manera un tanto imprevista, pero con las ideas claras y agradeciendo todo a casi todos. Pedro era ese olivo jiennense que ve pasar acontecimientos en torno suyo y los enjuicia desde la objetividad, pero siempre con sentido tolerante y firmeza en sus convicciones.

En todo caso, a Pedro Malo le vienen que ni pintados estos trazos del famoso retrato machadiano:

...

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

JOSÉ VÉLEZ